Cuando vino Jesús

Jesús contagiaba buen humor allá donde iba. Atesoraba una gran sabiduría y verdad. Sus seguidores nunca dejaban de reflexionar sobre las sabias palabras que salían de su boca. Se puede cultivar la elegancia, pero la gentileza es el aroma de simpatía que emane de una alma que rebosa amor.

La bondad siempre genera respeto, pero si carece de honra suele ahuyentar el afecto. La bondad es universalmente atractiva solo cuando es gentil. La bondad es universalmente atractiva solo cuando es atractiva.

Jesús entendía de verdad al hombre; por consiguiente, era capaz de manifestar una empatía genuina y mostrar una compasión sincera. Pero rara vez mostraba pena. Aunque su compasión no conocía límites, su empatía era práctica, personal y constructiva. Su familiaridad con el sufrimiento nunca alimentó la indiferencia y fue capaz de atender a las almas atormentadas sin aumentar su autocompasión.

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